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El Gobierno sale a recomprar los cupones atados al PBI

El Ministerio de Hacienda y Finanzas anunció el lanzamiento de una operación de recompra de cupones atados al PBI emitidos en los canjes 2005 y 2010. A ojos del Gobierno se trata de activos demasiado onerosos que conviene sacar de mercado. La duda, entonces, queda a ojos del ahorrista: ¿es negocio venderlos al Estado? Plazos y apetito riesgo, las claves.

El ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, anunció un viejo anhelo suyo: una oferta para la recompra voluntaria de los cupones atados al PBI emitidos durante los canjes 2005 y 2010 que, a ojos del funcionario, costaron demasiado al país. Estos warrants fueron entregados como un extra en el canje de los bonos en default con el fin de tentar a inversores reticentes frente a los fuertes recortes de capital propuestos por el Gobierno argentino. Bien tentados estuvieron ya que, recuperación económica y toqueteo de las cifras del Indec mediante, terminaron pagando más de lo que se esperaba para los primeros 10 años. La oferta de recompra le ahorra al Estado parte de los costos venideros, pero le garantiza al inversor un retorno de corto plazo. La decisión, entonces, depende de las necesidades de cada ahorrista.

Emitidos para pagar un rendimiento cada vez que el PBI se expandiera por encima de una tasa predeterminada en la emisión (para 2016 está establecida en 3,26%) los cupones PBI fueron verdaderas estrellas del mercado post canjes. En pocos años pagaron cerca de u$s 10.000 millones de los u$s 24.000 millones máximos que pueden rendir.

Como queda todavía bastante por pagar, el Gobierno pagará unos u$s 5.000 millones para recomprar poco menos de la mitad de los u$s 14.000 millones que existen en circulación. La oferta oficial será totalmente voluntaria, con lo cual quedará en cada uno decidir entregarlos.

Quienes opten por quedarse afuera podrán hacerlo, mientras que los que elijan entrar a la operación pasarán a ser titulares de un “collar”, una combinación de opción de compra y opción de venta a precios predeterminados. Aunque complejo en su ingeniería, el sentido del collar es sencillo: establece un precio máximo y un precio mínimo. El máximo es la opción de compra para el Gobierno que  está en u$s 12 por unidad para la versión en dólares del canje 2005 y en u$s 11,75 para el resto, mientras que la opción de venta para el tenedor es de u$s 10,25 para la primera y en u$s 10 para las demás. Así, el Gobierno se garantiza que sus compras no eleven demasiado el precio y los tenedores que el valor no baje del mínimo.

La pregunta, entonces, es si conviene o no canjear. Como los cupones atados al PBI estaban cotizando bajo por la pobre actividad económica, la propuesta oficial les subió el valor. Si el año que viene el producto se expande más de 3,26% estos papeles pagarían renta en 2018, con lo cual canjear no sería tan conveniente. Un punto a tener en cuente es la posibilidad de que el Gobierno revise el saldo acumulado ya pagado de los cupones en función de la revisión que realizó el INDEC sobre el crecimiento de la economía entre el 2004 a la fecha. De ser así el precio de mercado de los cupones podría verse afectado negativamente.  Lo que lo vuelve conveniente, en cambio, es la necesidad de liquidez de cada inversor: quien necesite el dinero ya, se podrá sacar de encima los cupones a buen precio sin tener que esperar tanto ni correr el riesgo de que el año que viene la economía no despegue.