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El riesgo país en mínimos de un año: bonos más seguros y rendidores

El riesgo país, que mide la sobretasa que paga la Argentina por encima del rendimiento que ofrecen las emisiones de deuda de los Estados Unidos, perdió casi 150 puntos en el último año. Ello implica una “compresión de spread” que generó grandes ganancias para sus ahorristas.

La apuesta por la “compresión de spreads” argentinos luego del pago de la deuda en default es más que exitosa para los ahorristas que tomaron bonos a corto y mediano plazo. La lógica a la que se apuntaba cuando se decía que la reducción de esos spreads era la tendencia para el ahorrista en dólares era que, con la mejoría gradual del frente externo del país, los inversores iban a reclamar gradualmente menos tasa por las emisiones de deuda soberanas. Esto se traduce en subas de precio para los bonos ya emitidos que generan ganancias de capital para los ahorristas que colocaron al menos parte de sus carteras en bonos en dólares.

El “spread” (brecha) más utilizado en el mundo financiero es el riesgo país. Mide la diferencia de tasa de cada país en comparación con la que suele ser la más baja del mercado, la de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos. El 2 de mayo de 2016 el riesgo país argentino estaba en los 544 puntos (lo que significa que la tasa a la que se endeudaba la Argentina estaba 5,44 puntos porcentuales por encima de la estadounidense). A principios de esta semana, el riesgo país había caído a 408 puntos, un mínimo en muchos años, que no deja dudas respecto a que la compresión de la brecha es una realidad en marcha.

Esto supone que a lo largo de todos los plazos de deuda, de 3 a 30 años, los bonos en dólares vieron subir sus precios, sumar inversores y reducir sus rendimientos (como los bonos pagan una renta fija que se establece el día de la emisión y nunca se cambia, ofrecen un rendimiento mayor cuando más baratos están y uno menos cuando suben).

La compresión del riesgo país fue de un nada despreciable 25%, lo que permitiría a quienes compraron bonos en dólares el año pasado vender sus tenencias a cambio de dólares o pesos, según prefieran, y transformar esas ganancias en dinero contante y sonante en un lapso de sólo 72 horas (lo que se tarda en vender un bono, de acuerdo a la normativa local). Ningún dueño de un departamento, contento por la suba del ladrillo, puede transformar ese capital en dinero en sólo 72 horas y usarlo para irse de viaje, por ejemplo.

Pero muy probablemente los ahorristas que entraron a bonos en dólares el año pasado no los vendan. Es que todavía hay spreads por comprimir en el futuro. Si seguimos viendo el riesgo país, podemos calcular que los mercados emergentes en su conjunto pagan una sobretasa de 320 puntos (3,2 puntos porcentuales) por encima de los bonos del tesoro. Si la Argentina va en dirección a transformarse en un mercado emergente, ese bien podría ser su riesgo país en el futuro: eso es otro 21% de compresión.

¿Quizás Brasil sea el modelo a seguir? Si la Argentina alcanzara el riesgo país brasileño, de 259 puntos, la compresión de spread sería del 36%. Ni que hablar si se lograra equiparar a Colombia y su riesgo país de 195 puntos.

Ninguno de estos escenarios tienen por qué ser el futuro, pero muestran horizontes posibles y nada lejanos de lo que puede suceder con los bonos soberanos argentinos. De ahí que ningún ahorrista que se precie de serlo puede dejar de tener parte de su cartera en esos papeles.