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Para blanqueadores: bono mata ladrillo

A la hora de colocar dólares a trabajar, hay distintos elementos a tener en cuenta para elegir la inversión ideal. El momento del mercado, los costos impositivos, el rendimiento y la “liquidez” –la velocidad a la que puede ser vendida la inversión- hacen que un bono sea mucho más seguro y rendidor que un departamento.

Los que declararon sus dólares durante el blanqueo que terminó en marzo enfrentan una realidad nueva. Por un lado, la libertad de hacer lo que quieran con ahorros que son suyos y ya no tienen que esconder del Estado y, por el otro, las responsabilidades que sobrevienen al contar con tenencias declaradas. Ahora llega el momento de decidir en qué invertir los ahorros y, aunque la mayoría irá por el clásico ladrillo, aquí le contaremos por qué esos ahorristas tomarán una muy mala decisión.

No todos lo saben pero tener dólares en una cuenta bancaria a la vista o en una caja de seguridad cuesta mucha plata, porque la tenencia está sujeta al pago de Impuesto a los Bienes Personales y la suba de precio en pesos de esos dólares –como resultado del avance anual del dólar- es considerada parte de la base imponible del Impuesto a las Ganancias.

Los costos impositivos son vitales. Entonces, para evitar pagar estos tributos, hay que elegir una inversión que esté exenta por la AFIP. El ladrillo está exento de Ganancias, aunque no así los alquileres percibidos por un inmueble, pero no está exento de Bienes personales. Para quedar liberado de ambos impuestos la única opción es ir a inversiones financieras, como los bonos soberanos del Estado. Los ahorros colocados en esos activos no son considerados para ningún tributo.

Un segundo factor a tener en cuenta es el momento del mercado. Nadie quiere comprar antes de una baja, pero peor aún es comprar durante una suba. Según cálculos de la UADE, a marzo pasado los precios de los inmuebles subían 10,2% en dólares en un año. Esto habla de un mercado donde la oferta no llega a cubrir la demanda, es decir, cada vez se paga más por el metro cuadrado. En cambio los bonos en dólares están en un momento de lateralidad, es decir sin grandes subas ni bajas, a la espera de mejorías en las calificaciones crediticias del país que lleven sus precios hacia arriba.

Otro factor importante es lo que los asesores financieros llaman liquidez de una inversión. Es algo sencillo: ¿qué tan fácil es convertir en dinero en efectivo a una inversión en caso de necesitar hacer un gasto? La venta de un inmueble, todos sabemos, puede demandar varios meses antes de transformarse en dinero líquido. Los bonos, en cambio, se pueden transformar en dólares o en pesos –según se desee y convenga- en sólo 72 horas hábiles.

Por último, quizás la diferencia más categórica entre el bono y el ladrillo, es el rendimiento. Sin contar dolores de cabeza de alquiler, arreglos, maltratos por parte de los inquilinos, comisiones de inmobiliarias y demás (a no olvidarse de los costos impositivos, que también son aparte), el año pasado tener un departamento para alquilar rindió 2,8% anual en dólares. Esto es: por cada u$s 100 invertidos se obtuvo un resultado equivalente a menos de u$s 3 en todo el año. El bono Bonar 2021, uno de los más seguros por su corto plazo, rinde hoy 4,5% anual en dólares al vencimiento. Y sin ningún gasto extra ni dolor de cabeza para descontar del rendimiento final.