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Tres claves para estar tranquilo respecto del dólar, una para preocuparse

La volatilidad cambiaria vuelve a estar en el centro de la escena tras un 2018 en el que la disparada de la divisa transformó al crecimiento económico en recesión. Sin embargo, tras el golpe las condiciones ahora son distintas. Sin embargo, el año electoral siempre juega en contra.

Tras una suba del dólar de poco más del 100% durante 2018 las miradas de los ahorristas hacia el billete verde son inevitables. Las condiciones que dispararon la corrida del año pasado, sin embargo, fueron resueltas por las malas a través de la propia crisis y hacen menos probable una disparada similar. A pesar de fundamentos muy distintos, que permiten ilusionarse con estabilidad cambiaria, quedan las urnas como factor de imprevisibilidad.

Primero: menor debilidad externa y necesidades de financiamiento cero

La Argentina arrancó 2018 con un déficit de cuenta corriente que rozaba los 5 puntos del PBI. El déficit de cuenta corriente es la diferencia entre los dólares que salen del país y los que entran a través de intercambios comerciales (balanza comercial) y de servicios (turismo y otros). Ahora, producto de la corrida cambiaria del año pasado, esa variable camina hacia terminar el año en un 1,2% del PBI.

¿Qué significa esto? Al déficit de cuenta corriente se lo puede mirar como una medida de la vulnerabilidad externa de un país o, más precisamente, de su moneda. Si el mercado cambiario se guiara exclusivamente por flujos de entrada y salida, una cuenta corriente equilibrada -sin déficit ni superávit- tendería a dejar estable al dólar. Esto es porque, simplificando, sería un mercado cambiario en el que cada día se demandan tantos dólares como los que entran.

Antes de la corrida, el dólar mostraba cierta estabilidad a pesar del déficit de cuenta corriente porque no todos los dólares que entran a un país corresponden a intercambios de la economía real. También había flujos financieros: deuda que tomaba el Estado e inversiones de corto plazo de fondos del exterior. A pesar de desequilibrio de cuenta corriente, el dólar no se disparaba porque los ingresos de dólares financieros equiparaban oferta y demanda, lo que mantenía la tranquilidad cambiaria.

El cambio de las condiciones internacionales, cierre del mercado de deuda para el Estado y mejores rendimientos de tasa en países centrales, hizo que el flujo de dólares financieros se cortara abruptamente y que el precio del dólar debiera ajustar rápidamente al desequilibrio de cuenta corriente.

Este año, con un déficit mucho menor, hay menos combustible para una corrida. Más aún, con el FMI garantizando todas las necesidades de financiamiento, no hay corte del crédito posible. ¿Esto impide que suba el dólar? No, pero hace que cualquier salto tenga límites.

Segundo: mejor cosecha

En el segundo trimestre del año arranca la liquidación fuerte de la cosecha gruesa. A diferencia del año pasado, cuando la sequía hizo que la oferta de divisas comerciales se redujera abruptamente, este año el país se enfrenta a un panorama climático mucho más benigno. Se estiman exportaciones récord por u$s 26.000 millones que, de nuevo, no pueden evitar movimientos del dólar pero sí hacer que sean menos catastróficos.

Tercero: dólares del Tesoro

A partir de mayo el Tesoro pasará a estar corto de pesos, aún con déficit primario y financiero que enfrentar. Para cubrir sus necesidades de pesos, cerrada la posibilidad de pedir al Banco Central que emita dinero para financiarlo, sólo tiene un recurso. Vender los dólares que el FMI le prestó en concepto de asistencia presupuestaria.

Si bien el FMI prohibió expresamente que el Banco Nación o cualquier otro agente financiero del Estado Nacional utilice esos dólares para controlar al mercado cambiario, al volcarlos al sistema generará un flujo de oferta constante que -de nuevo- no elimina la volatilidad pero tiende a reducirla.

Se trata de unos u$s 8.000 millones cuyo método de subasta está siendo definido en estos días. Lo que trascendió es que serán ofrecidos al mercado a razón de u$s 50 millones diarios, alrededor del 10% del volumen de una rueda promedio en el sistema local, suavizando los movimientos de la divisa.

A contramano: las elecciones

La posibilidad de que el Gobierno se enfrente en octubre a una alternativa política que dé un giro de 180 grados en la dirección de su política económica va a limitar la tranquilidad, en especial con provincias que ante lo impredecible de ese resultado prefieren separar sus elecciones del calendario nacional. Así, las urnas darán novedades semana a semana.