Arrancó la era Alberto Fernández

El primer día de operaciones con nuevo presidente electo encuentra a un mercado reducido por trabas cambiarias estrictas, que limitan al mínimo la posibilidad de atesoramiento de divisas. Los desafíos por delante pesaron sobre los precios de bonos y acciones, pero no hubo un desplome como después de las primarias.

Un nuevo proceso político, lleno de incógnitas para adelante, tuvo su comienzo esta semana con su correlato en el mercado. La confirmación de que el peronismo, en la figura de Alberto Fernández, vuelve a la Casa Rosada a partir de diciembre movió a la baja a bonos y acciones argentinos, al tiempo que se sintió poco en un mercado cambiario prácticamente cerrado por el cepo cambiario impuesto en la noche del domingo. Para un mercado, para diseñar estrategias de inversión de mediano a largo plazo, lo más difícil de superar no son las noticias negativas sino la incertidumbre. Con lo cual, el mercado se mantiene con pocos movimientos en busca de develar algunos puntos clave.

El S&P Merval perdió 3,8%, mientras que los bonos soberanos mostraron pérdidas moderadas. Todo en un contexto de pocos negocios, que hace poco significativa a la jornada.

El primer dato que miró el mercado, y que ayudó a un lunes que pasará al olvido por los movimientos poco significativos de las cotizaciones, fue el inicio de la transición. A diferencia de lo que pasó tras las elecciones de 2015, el presidente en ejercicio Mauricio Macri fue veloz para aceptar el resultado y convocar al ganador a un desayuno que simbolizó el inicio de una transición ordenada. La foto de Fernández y Macri, aunque sólo un símbolo, abre la puerta a la posibilidad de un proceso colaborativo tras el impasse competitivo que forzó el resultado de las primarias.

En segundo lugar, las visiones más pesimistas se vieron moderadas por los números que arrojaron las urnas. El resultado para el oficialismo pro mercado fue una derrota lisa y llana, en primera vuelta. Pero el desempeño electoral de Macri tras el cachetazo de las primarias mostró una recuperación sorprendente que generó un equilibrio de poder entre las principales fuerzas. Tanto en el Congreso, a la hora de la distribución de bancas, como en el tejido social. La presidencia de Fernández será negociada o no podrá avanzar, será un peronismo con contrapeso, algo nunca antes visto en un contexto democrático.

Respecto del resto de las variables, las más urgentes, hay pocas definiciones. Sólo señales. El mercado eligió mirar con calma el intercambio entre la nueva presidenta del FMI, Kristalina Georgieva, y Fernández a través de las redes sociales. La número uno del Fondo cumplió con el saludo protocolar y el presidente electo respondió a la gentileza, ambos con deseos de un trabajo conjunto a futuro. 

Es poco, pero es el punto de partida. Con vencimientos por más de u$s 23.000 millones en los próximos seis meses, y un mes y medio de transición entre gobiernos en el inicio de ese período, el reloj está en marcha para intentar una salida negociada para una deuda que ya sea por iliquidez o insolvencia aparece como problemática en el corto plazo. El FMI es el acreedor privilegiado, y sin refinanciamiento del organismo es imposible imaginar una reestructuración de deuda amigable con el mercado.

Quedan, como señalamos la semana pasada, todas las definiciones de fondo. El camino hacia una resolución del problema de la deuda todavía no se empezó a caminar todavía. Más aún, el trasfondo de ese acuerdo -un sendero fiscal que permita el ahorro suficiente como para pagar cualquier nuevo perfil de vencimientos- es una incógnita tan grande hoy como antes de las elecciones.

Arranca una nueva era, con desafíos enormes y mucho por definir.