Cambio de mando en el equipo económico

Luego de que los nuevos límites al dólar ahorro anunciados a mediados de septiembre no consiguieran frenar la tensión cambiaria, el presidente Alberto Fernández decidió otorgarle al ministro de Economía, Martín Guzmán, la última palabra en materia de política económica. El funcionario tomó el mando con gestos suaves en dirección a una leve flexibilización de las normas cambiarias. Prepara más para el corto plazo.

Después de once meses de Gobierno en los que las decisiones en materia de política económica, monetaria, cambiaria y fiscal pasaban por distintos miembros del gabinete económico, el presidente Alberto Fernández decidió poner al ministro de Economía Martín Guzmán al frente de todas esas áreas. Sin grandes volantazos, el funcionario empezó por dar una señal al flexibilizar levemente las normas cambiarias para los dólares financieros. En lo que sigue, confía en mantener señales igual de tenues con las que buscará mostrar una hoja de ruta en dirección a limitar la emisión monetaria para financiar al Tesoro y establecer un sendero fiscal hacia una reducción del déficit público. 

Las Guzmanomics dieron esta semana sus primeros pasos. Consistieron en revertir parcialmente algunas de las recientes medidas cambiarias, por ejemplo la que impedía a no residentes operar dólares en el mercado conocido como “contado con liquidación”, además de suavizar las trabas que pesan sobre esa operatoria y sobre su hermana, el dólar MEP.

Detrás de la decisión está la convicción de que parte de la suba de los dólares alternativos que se vivió en las últimas semanas se explica por la poca liquidez que tiene el mercado en medio de múltiples normas restrictivas. Al permitir más fluidez, confía el Ministro, los negocios contarán con más volumen y se reducirán los movimientos de ese tipo de cambio alternativo.

Sin embargo, en el Gobierno no creen que se trate de una solución a la tensión cambiaria que llevó a la brecha con el tipo de cambio oficial encima del 120%. Consideran que es, apenas, una norma regulatoria “en la dirección correcta” que hace las veces de señal de lo que se viene y que, al menos, reduce distorsiones generadas por normativas pasadas.

El dólar contado con liquidación y las otras cotizaciones paralelas, entienden, no van a bajar como resultado de las decisiones. A lo sumo, se ilusionan, van a evitar males mayores.

Para terminar con la inestabilidad cambiaria y monetaria que domina a los meses de pandemia, luego de una masiva emisión monetaria a lo largo del año para paliar los efectos del Covid-19 en la economía, explican, hacen falta medidas de fondo que ataquen los desequilibrios monetario y fiscal.

Para alcanzar esas medidas que buscan ir a los fundamentos y no a los síntomas del problema cambiario no habrá grandes señales. Serán, en todo caso, pequeños gestos encadenados. Algunos de ellos contenidos dentro del proyecto de Ley de Presupuesto 2021, ahora en el Congreso. Se trata de alcanzar las metas no tan ambiciosas de un déficit de 4,5 puntos del PBI para el año próximo con la menor cantidad de financiamiento monetario posible. 

Se buscará un mix de asistencia del Banco Central al Tesoro más emisiones de deuda en pesos en el mercado local. Cuanto mayor sea la carga sobre el programa de deuda en moneda local, mejor. Cuanto menor sea el recurso a la emisión monetaria del BCRA, también mejor.

Para adelante, además, quedan más gestos. Sobre todo en el marco de las charlas con el FMI para la obtención de un nuevo plan económico. En esas charlas el plan oficial es el de conseguir el consenso del organismo para un programa de metas de agregados monetarios, que limite la emisión monetaria para financiar el déficit. Y un camino lento pero descendente para la resolución del déficit.