El presupuesto va en la dirección correcta, pero quedó opacado

La presentación del proyecto de Ley de Presupuesto 2021 quedó opacada por las trabas cambiarias. Aunque laxo en su objetivo de reducción del déficit fiscal, el texto que presentó el Gobierno permite un cierto optimismo de la mano de metas conservadoras que fácilmente pueden ser superadas. El mensaje no resonó en el mercado, sin embargo

Al mismo tiempo en que se anunciaba el nuevo esquema cambiario, el Ministerio de Economía presentó la semana pasada su proyecto de Ley de Presupuesto 2021. La meta de reducir el déficit fiscal a 4,5 puntos del PBI apareció como poco ambiciosa y, de la mano del ruido cambiario, no llegó a oídos de los inversores. Pero las estimaciones conservadoras del texto permiten un cierto grado de optimismo sobre el camino que al menos aspira a transitar el Gobierno.

El proyecto de ley se presentó el martes de la semana pasada y se trató ayer por primera vez en el Congreso. Dentro de las previsiones que contiene, el texto oficial se destaca por tener una expectativa de actividad realista, un déficit demasiado alto para el apetito del mercado y una previsión de inflación que se queda corta para el consenso de los analistas.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, quiere llevar al déficit de cerca de 7,5% estimado para este año al 4,5% el año próximo, prevé que la actividad recupere 5,5% el año próximo después del golpe de la pandemia y estima una inflación anual de apenas el 28% para 2021.

Las cifras, más allá de poco realistas, incluyen algunos datos positivos. La subestimación de la inflación esperada es un clásico de las leyes de presupuesto: al prever una inflación menor a la que calculan los analistas, los gobiernos subestiman además sus ingresos, lo que les permite cumplir con creces los objetivos de recaudación y gozar de cierta discrecionalidad en el uso de los fondos que no están presupuestados.

En esa línea, el objetivo de déficit primario del 4,5% aparece como muy fácilmente alcanzable. Guzmán parece haber optado por lo seguro. Por ejemplo, sólo la suba de tarifas que contempla el proyecto hace difícil que el dato de inflación sea el que se prevé y, así, que algunos de los gastos previstos se licúen por el avance de los precios.

Así, Guzmán podría no sólo alcanzar muy fácilmente el objetivo de déficit buscado sino además tener la posibilidad de mostrar sobrecumplimientos, si así lo deseara y la confianza del mercado estuviera entre sus prioridades.

Sin embargo, los detalles del presupuesto todavía no resonaron entre los inversores. Convencer y reforzar los objetivos fiscales será la tarea para el Gobierno.