En Nueva York, el Gobierno busca fecha para el desembolso del FMI

El ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, coincidió esta semana con el presidente Mauricio Macri en Nueva York. Mientras que el mandatario habló en la ONU, Lacunza tuvo dos misiones: tratar de garantizar los u$s 5400 millones todavía no girados dentro del paquete de ayuda del FMI y conversar con bonistas sobre el reperfilamiento de la deuda. Todas negociaciones que necesitan de la oposición para avanzar.

El factor más determinante para el mercado y la economía locales no tuvo lugar en Buenos Aires esta semana. El trabajo de los técnicos del Gobierno se mudó a Nueva York con dos objetivos. El primero, tratar de garantizar el desembolso de u$s 5400 millones que el FMI no transfirió aún y, segundo, iniciar las conversaciones con fondos de inversión sobre un reperfilamiento de la deuda. En ambos casos, los funcionarios se chocaron con los problemas que genera el largo proceso eleccionario: el desembolso no llegará antes del 27 de octubre, fecha de la primera vuelta presidencial, y las negociaciones para un nuevo cronograma de pagos de deuda avanzan sólo con garantías por parte del candidato que más chances tiene de ganar en las urnas, Alberto Fernández.

El ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, viajó a Nueva York con su equipo para tratar de fijar una fecha para la transferencia por u$s 5400 millones que el Banco Central necesita si quiere llegar a fin de año sin sobresaltos. El funcionario se reunió con el director del FMI, Roberto Cardarelli, y con el número dos a cargo del organismo desde la salida de Christine Lagarde, el representante americano David Lipton.

Los representantes del Gobierno ya no esperan que el desembolso, previsto originalmente para el 15 de septiembre pasado, llegue antes de las elecciones presidenciales de octubre. Sus esfuerzos están orientados ahora a una señal de aprobación del Fondo que permita aquietar las aguas hacia el cambio de mandato. Además de ese mensaje, claro, se necesita el del candidato favorito para ganar la contienda electoral, Alberto Fernández.

La otra pata del trabajo de los funcionarios argentinos tuvo que ver con el reperfilamiento de deuda. Se reunieron con fondos y bancos de inversión con el objetivo de diagramar un esquema en el que los plazos de pago de deuda se alarguen, sin caer en un default. Se llevaron como respuesta una variedad de propuestas de parte de los inversores, que se muestran dispuestos a una negociación antes que a asumir el costo de una ruptura.

Pero, de nuevo, la necesidad de definiciones que lleguen desde las urnas evita que estas charlas avancen a paso firme. El propio Lacunza habla de la necesidad de que la oposición se siente en esta mesa, como una garantía de que los pagos se sostendrían en el tiempo más allá de quien termine en la Casa Rosada.

Los contactos paralelos del Albertismo con fondos, entonces, resultan vitales. El equipo de Alberto Fernández dejó trascender en los últimos días que recibió propuestas similares de parte de fondos tenedores de deuda local.

La estabilización de los frentes financieros y monetario todavía están lejos, dado que las definiciones clave alrededor de estas variables (la continuidad o no del programa con el FMI y la posibilidad de alcanzar una salida negociada para el problema de financiamiento) necesita de definiciones políticas en días de elecciones. Sin embargo, las miradas del mercado están puestas en lo que estas dos líneas de trabajo arrojen, sino como resultado, al menos como esquemas a utilizar una vez definido el nombre de quien ocupará el sillón de Rivadavia los próximos 4 años.