La larga espera

La larga espera

Mientras el mercado parece descontar un acuerdo, la renegociación de deuda en moneda extranjera no muestra avances significativos. Dada la oferta unilateral del Gobierno y el rechazo, sin portazo, de los principales acreedores la mesa está servida para una nueva definición a último momento.

El mercado de acciones y bonos argentinos transita la larga espera hasta el 4 de agosto, día en que vence la última oferta unilateral que presentó el Gobierno a los acreedores para la reestructuración de la deuda en dólares bajo ley extranjera. A pesar de la falta de avances entre las partes para cerrar un acuerdo, el mercado le puso precio a una probabilidad considerable de acuerdo parcial: una adhesión considerable que, aún así, no alcanzaría para activar las cláusulas de acción colectiva. Los acreedores trabajan en contactos para conseguir una mejora.

El tablero de la renegociación de deuda quedó armado de una manera muy particular después de la última oferta oficial. La propuesta del Gobierno supuso un avance para los inversores: reconoce en la actualidad un valor promedio de más de USD 53 por cada USD 100 del valor original de los bonos a canjear, frente a los USD 38 que había ofrecido la Argentina en un principio.

Este valor de recupero está muy cerca de reclamos previos de los acreedores privados, que habían retrocedido hasta plantear una valor cercano a los USD 58. Con tan poca diferencia, el margen para un acuerdo es amplio. 

Sin embargo, ya reconocido un valor tan cercano a sus pretensiones, los principales fondos tienen pocos incentivos a asegurar su participación y pueden esperar por alguna concesión más. La oferta fue presentada sin acuerdo de la contraparte, por lo que del lado de los acreedores no hay ningún compromiso que los fuerce a aceptar. Si, en cambio, a intentar alguna mejora como la incorporación de un cupón atado al PBI o a las exportaciones.

Desde el Gobierno, mientras tanto, dejan entrever que se disponen a un nuevo juego de espera a último momento. El riesgo para los fondos es, entienden, que por no aceptar la oferta se vean envueltos en un default duro que se defina en una larga batalla legal, muy dañina para el país pero también poco atractiva para empresas que aunque pueden confiar en un resultado positivo están lejos de ser fondos buitres que tomen riesgos altos y plazos de inversión largos. 

“La oferta es la que es”, repiten en economía. La espera promete ser larga.