La nueva ola de casos de Covid-19 es una luz amarilla para la calma cambiaria

La curva de contagios y las decisiones que tomen los distintos niveles del Gobierno para intentar aplanarla tienen una relevancia cabal. No sólo por su impacto en la actividad de sectores específicos, sino porque además requería de un aumento del gasto que sólo puede ser financiado con emisión monetaria que puede complicar el control de la brecha.

El repunte en los casos de Covid-19 tiene al Gobierno cerca de decidir nuevas restricciones a la circulación, con la esperanza de frenar el ritmo de avance de los contagios. Aunque se descarta que se apliquen cierres tan estrictos como los del año pasado, si la situación fuerza a parar eso puede implicar menor recaudación de impuestos y más gastos para sostener a empresas y familias. Todo ello implicaría más necesidad de emisión monetaria y más riesgo de avance de los dólares paralelos.

Los gobiernos de la Nación, la Ciudad y la provincia de Buenos Aires discuten en estos días la modalidad que va a tener el retroceso de fase. Se habla de una fase 3, un cierre suave como el que estuvo vigente en el tercer y cuarto trimestre del año pasado. Más que nada, las que trascendieron fueron propuestas de cierres nocturnos de 22 a 6 de la mañana con prohibición de abrir bares y restaurantes, con el objeto de reducir la circulación. Y también indicaciones sobre reuniones sociales.

Tratar de cerrar lo menos posible es la consigna. El propio ministro de Economía, Martín Guzmán, dijo la semana pasada que la economía no está en condiciones de soportar un regreso a la Fase 1.

Más específicamente, el Tesoro y su déficit que camina al objetivo de los 4,5 puntos del PIB para este año, no tienen margen para financiar los costos de otro encierro masivo. El programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP) y el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) costaron  el año pasado 5 puntos del PIB, los cerca de $2- billones que el Banco Central debió emitir para financiar al fisco.

Aunque, en palabras de la ministra de salud Carla Vizzotti, se opte por cuarentenas “intensivas, transitorias y localizadas”, sin dudas habrá costos para los rubros de la economía más vulnerables al cierre. Y, con ellos, la necesidad de recurrir a asistencias como el Repro -que paga parte del salario de empleados de empresas privadas- y hasta a familias, aunque el IFE no vuelva a hacerse realidad.

De esa manera, la segunda ola es una amenaza a la calma cambiaria que estamos viendo en el mercado, ya que implicaría un mayor gasto y, en consecuencia, una mayor emisión monetaria. Esto impactaría a la inflación – que ya se encuentra muy presionada al alza – y consecuentemente en el tipo de cambio, obligando al BCRA a dejarlo subir gastar más reservas para controlarlo.